Cinco años de las históricas Fallas de septiembre: "Permitieron cerrar el ciclo interrumpido y recuperar la esperanza"
La exconsellera de Sanidad Ana Barceló y el exalcalde de València Joan Ribó recuerdan que fueron una "prueba de madurez social"

VALÈNCIA, 30 Ago. (EUROPA PRESS) -
Cerrar el ciclo interrumpido y "recuperar la esperanza" son dos de los muchos logros que consiguieron las ya históricas 'Fallas de septiembre' de 2021, de cuya celebración --del 1 al 5 de septiembre-- se cumplen ahora cinco años. Unas fiestas que se vivieron con "enorme responsabilidad" tras la suspensión de las de 2020 por la pandemia de covid y tras haber demostrado el colectivo fallero "sacrificio, responsabilidad y adaptación".
Así lo expresan a Europa Press los dos principales responsables políticos al frente de aquellas Fallas desde sus respectivas administraciones: el entonces alcalde de València, Joan Ribó, y la consellera de Sanidad Universal y Salud Pública, Ana Barceló.
Esta última recuerda que la suspensión de las Fallas el 10 de marzo de 2020 fue una de las decisiones "más duras" que adoptaron al inicio de la pandemia: "Éramos plenamente conscientes de que no estábamos suspendiendo únicamente unas fiestas, sino interrumpiendo una parte esencial de la vida, la identidad y la economía valencianas". Afirma que lo vivió "con tristeza y una enorme responsabilidad" y añade: "La decisión podía parecer desproporcionada en aquel momento, pero el tiempo confirmó que era necesaria".
Mientras, Ribó asegura que siempre recordará el día en que se suspendieron las Fallas y destaca que la actitud del mundo fallero fue "positiva desde el primer momento" pese a "los problemas y las indudables pérdidas económicas que la situación ocasionaba".
Alaba que este entendió "que estábamos ante un problema de primera magnitud a nivel sanitario al que había que anteponer a cualquier otra consideración por muy poco agradable que fuera: los actos masivos eran totalmente incompatibles con la gestión de la pandemia". Sin embargo, cree que el balance de la gestión de la crisis del covid, con "todos los problemas e improvisaciones", fue "positivo".
Sobre el proceso de recuperación de la actividad, Barceló rememora que fue "mucho más largo y complejo", porque "no consistía simplemente en volver a autorizar actos, sino en recuperar espacios de convivencia sin poner en riesgo el enorme esfuerzo que estaba realizando la sociedad y, especialmente, el sistema sanitario".
"SACRIFICIO, RESPONSABILIDAD Y ADAPTACIÓN"
Ambos ponen en valor la "enorme capacidad de sacrificio, responsabilidad y adaptación" que demostró el colectivo fallero durante aquel tiempo. "Tuvo que aceptar decisiones muy dolorosas, renunciar durante meses a su actividad ordinaria y asumir que la protección de la salud debía estar por encima de cualquier otra consideración", resalta la exconsellera.
"También demostró que las Fallas son mucho más que cinco días de fiesta. Durante los meses más difíciles, muchas comisiones mantuvieron vivos los vínculos entre sus integrantes, impulsaron iniciativas solidarias y prestaron apoyo a las personas más vulnerables de sus barrios. Esa red social y comunitaria fue especialmente valiosa durante el confinamiento", añade.
Sobre aquellas fiestas, Ribó las recuerda "con normalidad, aunque fuera una situación totalmente nueva donde siempre procurábamos evitar actos muy masificados y con muchas personas". Además, aplaude iniciativas como la descentralización de las 'mascletaes' y considera que es una experiencia "que habría que repetir". También alaba el turno matinal de la Ofrenda y opina que, seguramente, "arreglaría muchos de los problemas de horarios actuales, pero el miedo al cambio siempre pesa mucho", lamenta.
NEGOCIACIONES
Sobre las negociaciones entre Sanidad y mundo fallero para la celebración de las Fallas de 2021, Ana Barceló admite que fueron "intensas pero constructivas" y señala que en el marco de un "diálogo permanente" fijaron septiembre "porque el avance de la vacunación ofrecía mayores garantías".
"La Conselleria intentó hacer compatible la recuperación de los actos esenciales con la protección de la salud, adaptando recorridos y estableciendo mascarillas, distancias y controles de aforo. No partimos de la idea de celebrar unas Fallas convencionales, porque eso no era posible, sino de identificar los actos esenciales que permitieran cerrar el ejercicio fallero pendiente", señala. "La celebración de septiembre de 2021 permitió cerrar aquel ciclo interrumpido y recuperar la esperanza", celebra.
Por su parte, Ribó apunta que siempre "había una pulsión que alguna vez llegaba a tensión, entre unas normas más estrictas y restringidas que proponía Sanidad y la voluntad del mundo fallero, que el Ayuntamiento normalmente apoyaba", pero "se discutía y se llegaban a acuerdos al final que cumplíamos como toca". "Visto con perspectiva, creo que todo el mundo desarrolló el papel que le tocaba en la situación en que nos encontrábamos", afirma.
El que fuera máximo responsable municipal apunta que la propuesta de realizar las Fallas en septiembre "se hizo siempre con un grado de incertidumbre que nunca sabíamos si podría realizarse o no al desconocer cómo iba a evolucionar la pandemia": "Dependía de una enfermedad nueva que no sabíamos cuál era su alcance, cuánto iba a durar la situación de alarma generalizada ni nada de nada. Fue una propuesta arriesgada pero que generó mucha esperanza y permitió resolver los principales problemas de las fallas a medio montar".
APRENDIZAJES
Ambos ponen en valor también que las Fallas de septiembre dejaron una serie de aprendizajes al mundo fallero y al conjunto de la sociedad valenciana. Barceló indica que demostraron "que una tradición puede adaptarse sin perder su esencia": "Fueron unas Fallas diferentes y más contenidas, pero permitieron recuperar la calle, cerrar el ejercicio pendiente y devolver la esperanza. También nos enseñaron que la convivencia y la fiesta deben ir acompañadas de responsabilidad colectiva. Fueron una prueba de madurez social".
Para Ribó, el aprendizaje fundamental es que las cosas "se pueden hacer de otras formas a las tradicionales y la fiesta de las fallas continúa con todo su esplendor". Y destaca uno en concreto: "Descentralizar la fiesta en el espacio, haciéndola llegar a los barrios, por ejemplo con las 'mascletaes'".
COORDINACIÓN
Por otro lado, ambos admiten que la coordinación entre administraciones pudo mejorar. Barceló reflexiona con que "toda gestión de una situación inédita deja margen para aprender", pero remarca que la cooperación "fue constante", aunque pide "juzgar aquella gestión desde la realidad que vivíamos entonces: nos enfrentábamos a una pandemia desconocida, las evidencias científicas evolucionaban constantemente y las decisiones debían revisarse casi cada día".
Por ello, "más que buscar responsabilidades retrospectivas", apuesta por "conservar los aprendizajes: anticipación, coordinación técnica permanente, interlocución estable y una información pública clara y compartida, todo ello unido a la responsabilidad de la sociedad valenciana que nos dejó muestras de una gran madurez".
Mientras, Ribó confiesa que "siempre se puede mejorar la coordinación", pero no recuerda "grandes problemas" de este tipo. "Cuando ves situaciones de crisis como la dana, algunos grandes incendios o ahora Ceuta, quizás la coordinación funcionó bastante mejor en aquel momento que lo que hemos visto posteriormente en estos casos", compara.
Pero reivindica que entonces "las instituciones estaban en manos de la izquierda, todas ellas en València y ahora no" y añade que, "en Madrid, por ejemplo, las cosas fueron de otra forma, sobre todo en atención a las personas mayores de las residencias". "Había un factor de desconocimiento de la enfermedad que por un lado nos hacía tomar decisiones muy drásticas pero por otra el miedo y el desconocimiento del que iba a pasar tenía un efecto unificador", asevera.






